La Escuela Nacional de Bellas Artes está sumergida en una permanente crisis que no parece tener un final próximo, pues viene atravesando por uno de sus peores momentos ante la desidia e incapacidad de unos cuantos directivos sin voluntad de concertar para buscar soluciones, y ante la ausencia de una política institucional clara y un marco legal adecuado.
La situación es realmente grave. No parece necesario decir que es más que urgente una reestructuración íntegra del plan académico de la Escuela, redefinir su proyección y procurar contar con un presupuesto decente, demandas todas que han tenido hasta ahora mínimos efectos en el Ministerio de Educación.
(Bite del profesor Pablo Yactayo): “La culpa, la matriz de cómo está la escuela es la intromisión política dentro de su estructura orgánica y de funciones, el asunto es claro; mientras la escuela esté sometida a la voluntad gubernamental y política nunca va a tener solución”.
Desde marzo del año pasado la escuela no cuenta con un director general. Èsto se debe a que la comisión presidida por Leslie Lee, un artista de reconocida solvencia intelectual, se retira en el 2007, luego de que un grupo de profesores lo acusara de ejercer el cargo sin la titulación adecuada.
(Bite del profesor Pablo Yactayo): “Nos ponen a un señor que se ha quedado casi 7 años, que no acredita ningún estudio académico, no tiene título; entonces cómo una persona sin título va a conducir a gente que sí tiene título y estudios de postgrado. Y hoy se vuelve a repetir el plato. Estamos frente a un señor que tiene tercer año de primaria y quiere conducir la adecuación al sistema universitario”.
Es importante señalar que estos mismos profesores fueron despedidos en el 2001, luego de que los alumnos realizaran una toma y los denunciaran ‘por incompetencia y malos manejos’. Sin embargo, en el 2003 estos profesores ganan un juicio contra la escuela. Regresan y forman el sindicato de docentes de Bellas Artes. Y empiezan a ejercer presión para que Lee dejara el cargo.
Finalmente, a la salida de este, el Ministerio de Educación envía otra comisión, esta vez encabezada por Manuel Solís, director de educación superior del ministerio. Solís estuvo cuatro meses en la dirección general, y realizó un informe de resultados poco alentadores: La calidad profesional de buena parte de los profesores estaba por debajo de lo mínimamente exigible; la malla curricular era contradictoria, plagada de vacíos; había un clima de tensión entre distintas áreas de la institución, entre otros.
A la salida de Solís, el ministerio encargó la dirección académica al profesor Roberto Villegas, pero este decidió jubilarse y encargar el puesto a Luis Sono, miembro del sindicato de docentes de la escuela. Entonces recrudecieron los problemas. Se dijo que Villegas no tenía potestad para delegar el cargo; se dijo también que el ministerio no había aprobado el traspaso de funciones. Pocos querían que Sono permaneciera en el cargo por más tiempo.
Como era de esperarse, una asamblea integrada por un grupo de profesores, egresados, alumnos y administrativos propone que Sono sea depuesto y que se nombre a la profesora Andrea Ramos, perteneciente a la asociación de docentes, como nueva directora académica.
Una resolución de la secretaría general de la escuela aprueba la medida y Ramos asume el cargo con el propósito expreso de tender un puente entre el alumnado y la institución, y solucionar los puntos álgidos de la crisis al más corto plazo; de otro modo no se podrá asumir el rango universitario.
martes, 31 de marzo de 2009
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